miércoles, 27 de enero de 2010

La soledad del loco.


Sí me dieran a elegir entre Cáncer ó enfermedad mental, elegiría cáncer, el enfermo de cáncer goza de la solidaridad de la sociedad,familia, amigos..al enfermo mental se le aísla"en su aislamiento"

Sí me dieran a elegir entre Cáncer ó enfermedad mental, elegiría cáncer, el enfermo de cáncer goza de la solidaridad de la sociedad, la familia, los amigos....sin embargo al enfermo mental se le aísla"en su aislamiento", se le aparta ¡no es de fiar!, si tiene algún anhelo es escudriñado su deseo, no vaya a ser que el loco meta la pata; y desde la soledad grita, pero nadie lo oye, pues es un grito desgarrado desde el alma, nadie nos presta atención. Nos han construido edificios para nuestras "crisis", para aislarnos, para que nuestra sociedad se sienta ha salvo, para que la familia se vea aliviada, ó se desentienda, para que tengan la conciencia tranquila, creyendo que han hecho lo mejor para nosotros, y en nombre de nuestro bien se nos arrebata la ¡libertad¡; tenemos pánico a nuestra propia familia a los médicos, forenses, abogados a los jueces, a todo aquel que pueda decidir por nosotros; que puedan dictaminar el encarcelamiento de por vida, he sido testigo de casos muy crueles, que tocan la fibra más profunda de mi ser, de personas jóvenes condenadas de por vida.


Y así a las estancias del alma llega una lluvia amarga de noches en blanco de azul ocultada, de lagrimas de sangre de soledad impregnada; lo primero es sedarnos, amarrarnos, aislarnos, no se nos pregunta nada...; y a la familia se le comunica que mejor no vernos en esos primeros días, no vaya a ser que contemos que aislarnos nos perjudica, que esa terapia de choque la podemos hacer en casa, donde no se rompa nuestra valiosa rutina que nos salva, y así el psiquiatra pasa de largo, solo vemos su sombra ante nuestra puerta, ante nuestra soledad, ante nuestra amargura, ante la desesperación; no existen terapias de grupo en la psiquiatría de la seguridad social, no hay alternativas que ayuden a integrarnos. Sin embargo los psiquiatras que trabajan en la en ella y que además y que tienen despachos privados donde echarnos la alfombra roja cuando entramos, donde sí que contamos, pues aseguramos unos pingues ingresos, que además no declaran, véase el caso de nuestro jefe de squiatría del hospital Negrin, engordamos sus carteras, esos sí que hacen terapias de grupo, nuestra opinión cuenta por que la pagamos. En los centros de salud mental de la seguridad social nos llaman cada quince días para llevarnos como rebaños a pastar, en los centros comerciales, la mayoría de nosotros solo cobra la ayuda no contributiva de cuatrocientos euros.,no tenemos dinero para cubrir nuestras necesidades básicas, porque no escuchan nuestras suplicas, por que no tenemos ayuda psicológica, por que no se nos toma en serio, por favor solo pedimos que por el amor de Dios que escuchen nuestras suplicas., solo pedimos un poco de amabilidad, de amor, de comprensión, de atención, una ayuda que nos permita reinsertarnos, a salir de nuestro aislamiento. Si proponemos algo, se nos dice siempre que no hay presupuesto., es una vergüenza, la psiquiatría en canarias está dejada de la mano de Dios., es la hermana pequeña de la medicina, somos enfermos marginales.


Y que decir de los psiquiátricos privados, "somos carne de cañón". El clínico, (estuve ingresada mes y medio en este spquiatrico) López-Ibor por ejemplo es más caro que un hotel de lujo, donde te cobran las visitas diarias del spquiatra al que no vez, dónde no tienen personal para hacer terapias de grupo, donde no te facilitan ni un folio para poder escribir, no puedes repetir una fruta en el almuerzo, donde se mezclan en su jardín todas las clases de psicopatías , narcóticos, alcohólicos, trastornos graves de personalidad, bulímicas y anoréxica,, enfermos de alzeimer a los que mantienen amarrados en la quintan planta con los esquizofrénicos a los que solo sacan al patio dos horas al día, el resto permanecen aislados y encerrados en sus habitaciones. Somos los leprosos del siglo XXI.


Las Palmas de Gran Canaria, 14 de enero de 2.010


P.D. Y punto, simplemente copio y pego, vaya mi callada vergüenza por no luchar con más ahínco cada día. Yo estoy Loc@.
Alcira Mª Sosa Morán / Andrés León Almeida

lunes, 28 de diciembre de 2009

donde la felicidad palpita a flor de piel

Todos los pueblos importan. Debería sobrar decirlo, pero no. Los romanos, y antes los asirios, y después de ellos los ingleses y los estadunidenses, borraron del mapa pueblos enteros que sin denominarse país lo eran. Eso sigue sucediendo, con otros "romanos" y métodos más modernos. Mas siempre habrá pueblos periféricos, menores ("Pulgarcitos", como decía el salvadoreño Roque Dalton del suyo), que importen particularmente. Cuando menos por sus poetas: son su pasaporte a la memoria.

Por citar un ejemplo, Nicaragua: allí la felicidad palpita a flor de piel, pero a los nicas siempre se la echan a perder. Quién hubiera dicho que la gesta sandinista se volvería una dictablanda corrupta y cíclica, otro caso más de futuro pospuesto. Hasta nuevo aviso. Y sin embargo, sus poetas. Nuestra lengua sería más gris sin Rubén Darío. Más estrecha sin Martínez Rivas, Coronel Urtecho, Mejía Sánchez. Y menos atenta sin Ernesto Cardenal. Demuestran, mejor que nada, que Nicaragua existe.

Todo este preámbulo para decir que si Palestina no tuviera otra prueba de su existencia que la poesía de Mahmud Darwish (1941-2008), eso le bastaría para ser todo un pueblo, una nación indispensable para el mundo humano del milenio en curso.
La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre, sostuvo siempre el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón. A esa demostración se abocó Darwish. En el gran caudal de la poesía árabe (toda una civilización literaria) no han sido pocas las voces palestinas hasta los tiempos modernos. Pero Darwish dio para más. Atento, sensible, siempre allí, aun cuando en exilio, dejó una obra universal e indispensable, fundacional. No por redactar la Declaración de Independencia de Palestina, a la manera de Thomas Jefferson, sino porque la suya conforma toda una literatura. Como su amigo Pablo Neruda, nombró cada cosa, hizo el "canto general" del mustio suelo palestino que detalló y engrandeció; de sus olivares y quienes los cultivan y habitan; de sus voces y silencios.

Bautizó al amor joven y viejo de muchas maneras, en la nostalgia, en la batalla, en la consumación. Habló de la Historia con resentimiento y dolor fundados en la propia Historia. Desde su pequeñez individual se sumó a la invención de una patria para un pueblo que la necesita y la merece. Se enfrentó al Dios de los hunos y al de los otros, en una batalla solitaria que nunca perdió.

Palestina, el paisito que a nadie le conviene que exista, no pide permiso a nadie para hacerlo, sólo anhela que la libertad lo acompañe. Para eso lucha y vive. Conoce la desesperación, y constantemente muere. Ningún poeta como Darwish ha puesto nombre a la guerra moderna, hasta el último detalle de como la vive el hombre común. En Memoria del olvido recobra el sitio de Beirut en agosto de 1982 con la piel, el detenimiento y la delicadeza hipersensible de Proust bajo el acero de las bombas enemigas.

Habitó con reconocido genio las formas clásicas de la poesía árabe. Y no obstante, sus bellísimas casidas las escribió, expresamente, después de García Lorca. Como se dice del labrador, cultivó la rima tradicional lo mismo que la narración de verso y aliento largos. Trashumante de las Arabias y las Europas, no pocas veces resuena como las canciones del canadiense explícitamente judío Leonard Cohen (y Georges Moustaki de fondo): el extranjero, el meteco, es su persona. Un poco opuestos, Cohen y Darwish, no mucho, comparten puntos de encuentro en estaciones de tren y caminos polvosos. Son proclives a las alcobas y los hoteles, a las confesiones no pedidas. "Mujer, no hay nombre para nosotros cuando el extraño se encuentra con el extraño."
Darwish no perdió tiempo en ser estrella pop, como Cohen; en todo caso, lo perdió conviertiéndose en "amenaza" para las pocas pulgas del invasor israelí, o siendo acogido por multitudes que nuestra cultura no brinda a los poetas. Vivió, desde niño, atrás de las trincheras, sin otra opción. No la quiso.

"La realidad es la única certeza de la imaginación", escribe en Mural (2000), épica e íntima contemplación retrospectiva donde parece hablar después de su muerte (traducida al inglés por la poeta palestina Rema Hammani y John Berger, Verso, Londres, 2009). Wallace Stevens, uno de los pocos poetas indispensables del siglo XX, decía que la realidad es obra de la más augusta imaginación.

Desde niño, Darwish estuvo destinado a la resistencia, la persecusión, la defensa; a una construcción de vida desde el dolor inolvidable. En Mural se recuerda "aquí, solo en la blanca frontera de la eternidad", donde quizás sigue vivo en alguna parte, deseando que "su país sea su cuerpo".

La nunca presuntuosa escritura de Darwish es de las que prueban y confirman la existencia de la poesía. Sus metáforas "dan sentido a lo que está a punto de suceder". Lo supimos con Kafka: el futuro no mejora, pero el futuro siempre mejora a la buena poesía.

Periódico La Jornada, México



Lunes 9 de noviembre de 2009